En un campo sembrado de crepúsculo
dejé una idílica juventud.
Crecí a fuerza de desencuentro
y preferí elegir mi propia tragedia.
Y la tragedia no estaba
en escenas de películas románticas;
la aventura no era un dulce paseo,
más bien se parecía
al amargo cimarrón.
El frío de la vida solitaria
me heló hasta los huesos.
Y a pesar de todos los sueños,
yo estaba indefectiblemente solo.
GA
17/11/2016

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